#Botella 1: Wabi Sabi
Sobre encontrar belleza en las imperfecciones de la vida.
Estoy revisando los cuadernos y libretas que escribí desde 2018 a 2025. En todos hay un tema recurrente: la búsqueda de la autenticidad.
Otra constante es el paso de tiempo, el amor, la muerte, los miedos, el dolor de la vida no vivida y ese equilibrio casi imposible de lograr, entre productividad y felicidad.
Como subtema, el sufrimiento que me genera no poder alcanzar esa versión de mí mismo, que sé que puedo ser. Son cientos de hojas de mucho análisis e introspección.
Alguna vez leí que los escritores no lloran, sangran sobre papel. Confirmo. En algunos cuadernos corrieron ríos de tinta y sangre.
Honestamente es abrumador, hasta aburrido, leer tanto de lo mismo.
Parece la vida de alguien atrapado en un eterno “Día de la marmota”, esa película donde Bill Murray está atrapado y condenado a repetir una y otra vez el mismo día. Yo, atrapado en el mismo ciclo de búsqueda, fracaso, castigo, autocompasión y reinicio.
Entonces, como un acto psicomágico, decidí quemarlos. Convertir esas hojas en cenizas y volver a empezar. Transformar el dolor y el deseo en otra cosa. Buscar una nueva hoja en blanco. Un nuevo cuaderno.
Pero antes, les di una última lectura. Subrayé lo importante. Y ahí me di cuenta de que no hace falta quemar nada para transformarlo. Quizás no tengo grandes ideas ni grandes cuentos. Todo eso vive en mi mente, en mis acciones, en mis contradicciones.
Las botellas
Así que decidí hacer otra cosa: arrojar todo lo que tengo escrito al océano de internet. Lanzarlas como mensajes dentro de una botella, esperando que alguien, en algún lugar, las encuentre.
¿Para qué? No importa mucho eso.
Quizás es mi forma de buscar un poco de inmortalidad. Quizás es mi forma de sentirme menos solo. O, simplemente, es una forma de decirle al mundo: estuve aquí.
Históricamente, el mensaje en una botella era comunicación unidireccional, lanzada frente a un peligro inminente: tu barco se hunde y probablemente vas a morir.
Mi barco es mi cuerpo. Hoy no se está hundiendo, pero la posibilidad está latente siempre. Es parte inherente de la vida.
Esa es la diferencia entre vivir esperando el naufragio y entender que ya estamos navegando hacia ahí. Heidegger lo llamaba “ser para la muerte”.
La muerte no me espera al final del camino como una estación de tren, está conmigo en cada línea que escribo.
Escribir en la era de la IA
Sé que escribir, en tiempos de inteligencia artificial, es casi inútil.
Los modelos de lenguaje lo hacen mejor que nosotros. Y sin embargo, para mí, escribir a mano, dejar que el texto se macere durante días, meses o años, sigue siendo la mejor forma de procesar la vida.
De sublimar emociones en palabras.
En última instancia, siento que es lo único que tengo: mis palabras, mis historias.
Wabi sabi
Por eso elegí este título. Este concepto de encontrar belleza en lo imperfecto, me gusta. Es una gran contradicción para un perfeccionista como yo.
Y mas allá de su significado conceptual, la idea me inspira a pensar en todo lo que escribí hasta ahora.
Me da ternura ver las cosas que pensaba. Los caminos que tomé. Las preocupaciones que tenía. Los libros que leí en búsqueda de algo, que me ayudara a transitar esa oscuridad. Todas esas palabras son el registro de un humano en constante construcción.
Alguna vez escribí que quería vivir 99 vidas. Estos cuadernos son ese registro. Cada vida, con sus consecuencias y aprendizajes, están ahí.
Por eso decidí no quemarlos, sino exponerlos. Quiero dejar a la vista todo eso, porque si bien fue doloroso, creo que hay mucha valentía en volver a empezar, las veces que sean necesarias.
Cuentan que una vez le preguntaron a Fernando Birri para qué servía la utopía. Y recuerda el gran Eduardo Galeano, la genial respuesta que dio el cineasta:
“La utopía está en el horizonte, yo sé muy bien que nunca la alcanzaré, que si yo camino diez pasos a ella, se alejará diez pasos y cuanto más la busque…. menos la encontraré, porque ella se va alejando a medida que yo me acerco. Para qué sirve la utopía? Pues la utopía sirve para eso: Para caminar."
Estos “mensajes en la botella” son eso para mí. No necesito que lleguen a ningún destino. Ni que se hagan virales. Me alcanza con que me obliguen a seguir caminando. A seguir escribiendo.
Sin embargo, ojalá alguna de estas botellas lleguen hasta vos. Aunque tarden siglos en llegar.
Con cariño.
Misael
Areguá, 20 de Junio, 2026.



